Demandar a Suno y Anthropic a la vez revela la verdadera batalla: las licencias
Las dos demandas de Reservoir muestran que la ira por los derechos de autor ya alcanza a los laboratorios de IA generalista y no solo a las startups musicales. La industria debería aprovecharlo para forzar acuerdos de licencia.
Imagen generada con IA
¿Por qué demandaría una editorial musical el mismo día y ante el mismo tribunal a un fabricante de chatbots y a un generador de canciones con IA? Porque la editorial ve pocas diferencias entre ellos. A nuestro juicio, eso es lo más interesante de las nuevas demandas de Reservoir, y debería cambiar la forma en que el negocio musical afronta esta lucha.
Dos demandados, una teoría: los datos de entrenamiento son el producto
Según Billboard, Reservoir presentó el 21 de octubre dos casos federales en los que acusa a Suno y a Anthropic de infringir canciones de Madonna, Johnny Cash y Joni Mitchell para entrenar sus modelos. Music Business Worldwide informa de que la demanda contra Suno abarca 1.050 composiciones y fija los daños legales en 157,5 millones de dólares por esas obras, algo más de 186 millones al añadir los cargos por la DMCA.
Reservoir no está sola. Round Hill presentó en agosto demandas similares contra ambas empresas. El patrón es claro: editoriales independientes, representadas por el mismo abogado, tratan la «IA que hace canciones» y la «IA que lo hace todo» como el mismo problema jurídico.
El generador de canciones era el villano fácil; el chatbot es la verdadera prueba
Suno siempre fue el blanco evidente. Vende un producto que genera canciones, y Reservoir sostiene que se creó para sustituir a los artistas que copió. Es una historia intuitiva para un jurado.
Anthropic es más difícil y tiene más trascendencia. En una vista celebrada el 21 de octubre, según Reuters, Anthropic defendió que entrenar con millones de letras es un uso legítimo (fair use) transformador, mientras que la jueza presionó a ambas partes y también cuestionó si la escritura de letras de Claude amenaza el mercado de las editoriales. Dos fallos anteriores del norte de California se dividieron sobre la cuestión de fondo. Creemos que un laboratorio generalista tiene una defensa mucho mejor de «esto no es un producto musical» que Suno, y por eso mismo las editoriales quieren ir contra ambos: perder contra el chatbot dolería más de lo que ayudaría ganar a la startup.
Aun así, la demanda de Reservoir contiene el argumento más sólido a favor de la industria, y no tiene que ver con la indignación. Señala los acuerdos de licencia de Suno con Warner Music Group, BMG y Believe como prueba de que ya existe un mercado real de datos de entrenamiento. El fair use depende mucho del daño al mercado. Cada acuerdo firmado es una prueba documental más para el siguiente demandante.
El litigio es palanca, no destino
Aquí nos separamos de los maximalistas. El consejero delegado de Round Hill dice que piensa llevar estos casos a juicio y que no aceptará una solución que deje a los compositores en desventaja. Es una postura con principios y probablemente útil para negociar. Pero como estrategia, años de sentencias caso a caso ante jueces que ya han discrepado son una apuesta con todo el catálogo en juego. Un solo fallo adverso sobre el fair use podría perjudicar a todas las editoriales a la vez, incluidas las que nunca demandaron.
El acuerdo con Warner y los pactos con BMG y Believe muestran la alternativa: disputas que pueden acabar en acuerdos de licencia. Incluso así, el panorama es confuso, ya que UMG y Sony siguen demandando a Suno y afirman que su nuevo modelo continúa siendo ilegal. Y fijaos en la ironía que usó el abogado de Anthropic ante el tribunal: que la propia UMG ha calificado la IA de «abrumadoramente positiva en conjunto». Los mensajes contradictorios de la industria debilitan su posición.
Lo que defenderíamos
Los ganadores de un punto muerto prolongado son los laboratorios, que siguen construyendo mientras los tribunales deliberan. La estrategia de Suno, según la acusa Reservoir, es «infringir ahora» y «pactar barato después». La única respuesta es convertir ese pacto barato en una mala apuesta: mantener vivas las demandas, mantener creíbles las reclamaciones por daños y exigir condiciones de licencia que cubran el entrenamiento y los resultados, con dinero real para los compositores y no solo para los mayores titulares de derechos.
Nuestro veredicto: demandar a ambos, pero demandar para sentarse a la mesa. Las editoriales que confundan una victoria judicial con un modelo de negocio corren el riesgo de lograr una sentencia sin royalties. La jugada inteligente es un mercado de licencias para los laboratorios de IA generalista y no solo para las startups musicales, y Reservoir acaba de ponérselo más difícil de ignorar a Anthropic.
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