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Redacción Musisfera
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Eurovisión Asia debe dejar que Asia escriba las reglas, no solo las canciones

Eurovisión Asia llega por fin a Bangkok el 14 de noviembre, pero un formato europeo, un modelo comercial y un reglamento pensado para el pop pueden convertirla en una copia con mejor iluminación.

Publicado
24 de octubre de 2026
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4 min
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Foto: OPK-Photography / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

¿Se puede franquiciar una emoción? Esa es la pregunta de fondo de Eurovisión Asia, que por fin sale a escena en Bangkok el 14 de noviembre tras casi dos décadas de intentos fallidos. La marca es exportable. La magia, no lo tenemos tan claro.

Los hechos son bastante sencillos. Según el medio español ESC Plus, competirán once países: Bangladés, Bután, Camboya, Corea del Sur, Filipinas, Laos, Malasia, Mongolia, Nepal, Tailandia y Vietnam. La cadena tailandesa Channel 3 será la anfitriona y Voxovation organiza el espectáculo con licencia de la UER. La idea se remonta a 2008, pasó por un intento australiano que se archivó en 2021 y solo se anunció oficialmente el 31 de marzo de 2026.

El formato es el verdadero autor

ESC Insight informa de que las reglas serán las mismas que en Europa: duración de las canciones, número de personas en el escenario, todo. El propio director, Martin Green, admitió que esto "empuja de forma natural el concurso hacia el terreno del pop", aunque añadió que el pop no es igual en todas partes.

Me parece una lectura generosa. A nuestro juicio, un límite de duración y una plantilla de puesta en escena pensada para la tele no son recipientes neutros. Son una estética. Una tradición folclórica del Himalaya o un estilo del sudeste asiático de largo recorrido no caben sin más: se recortan para encajar. El concurso europeo ha hecho hueco al rock, a la fusión folk y a propuestas de inspiración clásica, como señala ESC Insight, pero sospechamos que esa flexibilidad se ganó con el tiempo, a medida que los países aprendían a doblar las reglas. A Asia le entregan la plantilla el primer día, con un reloj comercial en marcha.

Y el reloj importa. El mismo informe afirma que Eurovisión Asia funciona como una operación totalmente comercial, mientras que en Europa el evento se paga con las cuotas de participación de las radiotelevisiones públicas y con patrocinios. Parte del dinero de la versión asiática vuelve a la UER. No creemos que el negocio sea un pecado. Pero a los anunciantes probablemente les guste un pop legible, exportable y apto para el inglés, y los incentivos suelen ganar las discusiones que empiezan las buenas intenciones.

Corea del Sur es a la vez el reclamo y el peligro

El cartel tiene una estrella evidente en Corea del Sur, un país cuya industria del pop tiene una enorme influencia global. ESC Insight señala que las estrellas del K-pop dominaron las listas internacionales de la IFPI en 2025 y que artistas de K-pop enviaron mensajes de apoyo en vídeo durante la presentación. Es un regalo en términos de visibilidad.

También es un riesgo. Si las propuestas más brillantes y pulidas marcan el tono, el concurso podría convertirse en un escaparate de un modelo de pop que ya viaja bien, mientras las delegaciones más pequeñas hacen de comparsa. A Bután, Laos o Nepal no hace falta un escenario para que les digan que son "diversos". Necesitan uno donde su sonido sea lo importante, no la guarnición. Green ha descrito como algo "evidente" que las cadenas valoren el concurso como una forma de dar una oportunidad a las estrellas del pop nacional. Es un negocio inteligente, y puede aplanar justo la diferencia que el concurso anuncia.

La votación y las plataformas podrían ser lo realmente nuevo

Aquí es donde Asia podría innovar de verdad. Las selecciones nacionales se retransmitieron en el canal oficial de Eurovisión en YouTube, y los espectadores podían votar en línea a través de la plataforma ZOOP aunque no vivieran en el país que elegía su candidatura: ocho votos gratuitos repartidos entre al menos tres canciones, más hasta 10 extra de pago. En la práctica, un fan en Seúl podría opinar sobre una elección en Manila. Es una relación distinta entre público y artista que el televoto tradicional, y parece pensada para cómo se consume la música hoy.

Aun así, los votos de pago dentro de un producto comercial merecen escrutinio. Querríamos ver cómo los pondera el sistema de puntuación antes de hablar de un salto democrático. Y hay una salvedad razonable: algunas de las cadenas participantes operan en países con estrechos vínculos con el Gobierno, como apunta el medio español Eurovision Spain. "Unidos por la música" es más fácil de decir que de garantizar en esos escenarios.

Qué vigilaremos el 14 de noviembre

Juzga la noche con una sola prueba: ¿hay algo en el escenario que no podría haber salido de la plantilla europea? Una canción en una lengua regional, un instrumento, una idea de puesta en escena que el reglamento suavizaría normalmente. Si gana un single de pop impecable en inglés, el concurso habrá triunfado como producto y fracasado como idea.

Nuestro veredicto: no hay que descartarlo como una copia barata, pero tampoco coronarlo todavía como un hito cultural. La primera edición es una negociación. Si los organizadores escuchan, la segunda debería aflojar las reglas que a Asia le resulten incómodas. Si no, el continente habrá tomado prestado un formato y renunciado a la oportunidad de escribir el suyo.

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