Los conciertos cancelados de Deep Purple retratan un negocio frágil
El ingreso de Ian Gillan es primero una historia humana, pero revela que las giras del rock veterano dependen de cuerpos que envejecen y, de cara al público, de disculpas y no de planes B.
Foto: Stefan Brending ( 2eight ) / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0 de)
¿Cuántas giras de rock veterano están a una mala noche de venirse abajo? Deep Purple acaba de darnos una demostración en directo, y nadie de los implicados hizo nada mal. Ese es justo el problema.
Dos conciertos perdidos y otros dos en el aire
El sábado 31 de octubre, Deep Purple anunció que su concierto de esa noche en el QI Arena de Leipzig y el de la noche siguiente en el Sporthalle de Hamburgo no podían celebrarse por una urgencia médica del cantante Ian Gillan, que está hospitalizado. Tiene 81 años. La banda dice que busca nuevas fechas y que todas las entradas siguen siendo válidas. El mensaje llegó solo unas horas antes de que empezara el concierto de Leipzig.
Dortmund el 3 de noviembre y Berlín el 4 de noviembre siguen en el calendario, y t-online señala que todavía no se ha anunciado nada sobre ellos. La gira «SPLAT!» empezó a principios de agosto y está prevista hasta diciembre. Más allá de «urgencia médica», no sabemos cuál es el estado de Gillan, y no vamos a especular.
Una disculpa no es un plan
El comunicado fue digno: sincero, rápido dadas las circunstancias y claro en que las entradas siguen valiendo. Pero fíjate en lo que promete y en lo que no. «Encontrar un momento adecuado» es una esperanza, no un calendario. Los fans que quizá hayan reservado trenes, hoteles y días libres para Leipzig y Hamburgo se quedan con una entrada para una fecha que nadie ha fijado. Que las entradas sigan siendo válidas es el mínimo, no una muestra de generosidad.
A nuestro juicio, el sector trata esto como un accidente imprevisible cuando se parece más a una certeza actuarial. Pon a un cantante de más de ochenta años en una gira de varios meses y tarde o temprano se pierde una noche. No es edadismo, es aritmética. Es de suponer que promotores y aseguradoras ponen precio a este riesgo en algún sitio, pero nada de esa preparación es público, y no vamos a fingir que sabemos qué cubre cada póliza. Lo único que los fans ven del plan es una publicación en redes sociales.
Todos lo veían venir, también la banda
Aquí viene la parte incómoda. El año pasado Gillan dijo a Uncut, según recoge American Songwriter, que si pierde la energía lo dejará porque no quiere ser «una vergüenza para nadie». También contó que solo conserva un 30 por ciento de visión. El bajista Roger Glover ha dicho que no habrá gira final ni gran despedida, y que la banda abandonó la etiqueta «Long Goodbye» porque, en sus palabras, «se hacía cada vez más larga».
Admiramos esa honestidad. Pero también significa que la banda ha elegido un modelo sin punto final designado, lo que, en nuestra opinión, hace más probables los finales no planificados. Una gira de despedida, al menos, da a los fans un relato que entienden y, cabe suponer, un calendario construido en torno a él. Una gira sin fecha de cierre no ofrece nada de eso, y cuando tropieza, lo hace con poco aviso en un pabellón alemán.
Y no es solo Gillan. Page Six apunta que el exbajista de Deep Purple Glenn Hughes, de 75 años, anunció en agosto que se retiraba de los directos antes de someterse a una operación de corazón. Dos datos no hacen una tendencia, pero sirven para recordar la realidad demográfica de todo este género.
Qué debería cambiar
No le diríamos a Deep Purple que lo deje. Mucha gente dirá que quien a los 81 años todavía puede encabezar grandes recintos se ha ganado el derecho a decidir. Estamos de acuerdo. Pero quienes le rodean también tienen obligaciones.
Los promotores deberían publicar las ventanas de reprogramación y las opciones de devolución en el mismo momento de la cancelación, no semanas después. Las giras con cabezas de cartel mayores podrían incluir días de margen, que cuestan dinero pero protegen el calendario. Las ticketeras deberían poner la devolución tan fácil como el cambio de fecha. Y los fans deberían esperar todo esto, no agradecerlo.
Nuestro veredicto: los conciertos cancelados no son un escándalo y la banda se comportó con sensatez. El escándalo sería tratarlos como una sorpresa. Si el rock veterano quiere seguir vendiendo noches que dependen de cuerpos irremplazables, necesita planes de contingencia que existan antes de que llegue la ambulancia. Por ahora, le deseamos a Gillan una recuperación completa y, si tienes entradas para Dortmund o Berlín, consulta los canales oficiales antes de viajar.
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