Horst Fascher y el Star-Club: la música paga poco a sus porteros
Horst Fascher descartó a los Beatles al principio y después construyó el escenario que ayudó a lanzarlos. Su muerte recuerda que las escenas necesitan salas, programadores y promotores, no solo grupos.
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¿Quién hizo a los Beatles? La respuesta fácil son cuatro músicos de Liverpool. La más honesta incluye a un excoxeador y aprendiz de carpintero naval de Hamburgo que, según una versión, no se quedó nada impresionado la primera vez que los oyó.
Horst Fascher, cofundador y director gerente del Star-Club, murió el 31 de octubre a los 90 años. Su hermano Uwe Fascher se lo confirmó a Bild, según recoge viply.de. La misma información cuenta que convenció a Manfred Weissleder, figura del Kiez, de convertir un cine de Große Freiheit 39 en una sala de música. Abrió el 13 de abril de 1962 y los Beatles tocaron esa primera noche. En enero de 1962, Fascher y Brian Epstein habían firmado el contrato que traía al grupo, a 500 marcos por músico y semana.
El portero que se equivocó primero es el mejor argumento a favor de los porteros
El detalle que más nos gusta es que Fascher despachó a la banda en 1960. Según la información, habría comentado, en alemán, que ese tintineo le resultaba demasiado y que se podían olvidar de ellos. Dos años después cambió de opinión y puso su nombre en el contrato.
Eso no es un defecto de la historia. Es la historia. Las escenas no las levantan personas de gusto perfecto. Las levantan quienes mantienen un escenario abierto, siguen llenando la agenda y aguantan lo suficiente como para equivocarse y luego acertar. Fascher también contrató a Bill Haley, Chuck Berry, Jimi Hendrix, Fats Domino y los Everly Brothers. Piense lo que piense cada uno de alguno de esos nombres, es una programación que la mayoría de los festivales envidiaría.
Y la frase de John Lennon, que la información da en alemán, lo dice sin rodeos. En nuestra traducción: «Hamburgo fue lo que marcó la diferencia. Allí fue donde realmente nos desarrollamos». Desarrollarse necesita una sala, un calendario y alguien que abra la puerta. Según el Hamburger Morgenpost, los Beatles tocaron en el Star-Club otras 78 veces después de la noche inaugural antes de que acabara 1962.
La historia paga en leyenda, y la leyenda no cubre el alquiler
Fíjate en cómo se recuerda a Fascher: como «descubridor de los Beatles» o «allanador del camino» en los titulares alemanes. Es una etiqueta limpia y, a la vez, un desaire. Reduce a un programador, mánager y fundador de sala a una nota al pie en la biografía de otros.
Las fuentes no dicen cómo le fue económicamente, así que no vamos a fingir que lo sabemos. Lo que sí dicen es que su club posterior, el Star-Club II, abrió en 1976 y no tuvo ni de lejos el éxito del original, y que Mopo describe su piso de dos habitaciones en el límite del Kiez casi como un museo privado de los años salvajes. A nuestro juicio, no es una recompensa justa por haber ayudado a lanzar a la banda más famosa del siglo. Es nuestra lectura, no una auditoría, pero un museo en un piso es una imagen reveladora.
El gesto que se nos queda es de 1966. Fascher estaba detenido por agresión cuando los Beatles tocaron en Hamburgo y, como señala Bild, Lennon le dedicó una canción. Según la crónica alemana, presentó «If I Needed Someone» como dedicada a «nuestro viejo amigo de Hamburgo Horst Fascher, que por desgracia hoy no puede estar aquí». Es un homenaje precioso. Pero también es una nota de agradecimiento, no una pensión.
Las salas pequeñas de hoy merecen algo mejor que una pegatina en un cartel
Aquí tomamos partido. Todo el mundo dice querer a las salas de base, pero el reconocimiento sigue subiendo hacia el artista, el sello y la gira de cabecera. Quienes gestionan las salas pequeñas donde la próxima banda pasa sus noches de formación reciben demasiadas veces una pegatina en un cartel, si acaso.
Si te importa la próxima escena, compórtate en consecuencia. Compra una entrada para una noche en la que no conozcas al cabeza de cartel. Paga la consumición. Trata el criterio del programador como un bien público. Y si trabajas en la industria, empuja lo aburrido: acuerdos justos con las salas, una parte de los beneficios para las que desarrollan talento y el reconocimiento público de que un escenario es infraestructura.
Fascher se equivocó una vez y acertó cuando importaba. La mayoría de los porteros nunca recibirá una dedicatoria desde un escenario. Lo mínimo que podemos hacer es dejar de fingir que el escenario apareció solo.
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