Springsteen tiene razón: el rock y el hip hop siempre han sido políticos
La pregunta de Springsteen sobre el rock y el hip hop desarma el elitismo de género y recuerda que la música política solo cuenta cuando arriesga algo.
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¿Quién decide qué es música protesta? Durante décadas, la respuesta venía con una guitarra incluida, y Bruce Springsteen acaba de contribuir a desmontar ese supuesto con una sola pregunta retórica: ¿qué es, exactamente, el rock 'n' roll o el hip hop?
La frase procede de «Home of the Brave Backstage», una serie de vídeos de tirada limitada que, según la describe SPIN, reúne a músicos para hablar de la Administración Trump, el activismo político y el papel que pueden desempeñar los artistas para plantar cara al autoritarismo. Springsteen es el primer invitado. En el fragmento que circula, dice que la música y la política siempre han estado «entrelazadas, porque ¿qué es el rock 'n' roll o el hip hop?».
La pregunta hace más trabajo que la respuesta
Pensamos que lo más interesante no es la política, sino el emparejamiento. Poner el rock y el hip hop en la misma frase, como hermanos y no como rivales, rechaza sin ruido la vieja guerra de territorios en la que uno es «música de verdad» y el otro «una moda». Cuando una institución del rock de su talla pregunta qué es cada uno de estos géneros si no algo enredado con la política, resulta mucho más difícil sostener con la cara seria que el rock tiene la exclusiva de la autenticidad.
También hace algo menos previsible. Como recoge AI-Chords, se describe como «un defensor de la democracia, de los valores estadounidenses», pero no cree que todos los artistas deban ser políticos. Elvis Presley, James Brown y Curtis Mayfield, afirma, «cambiaron el mundo tanto como Woody Guthrie» solo con su presencia cultural.
La elección de esos ejemplos importa. Presley, Brown y Mayfield no eran panfletistas. En nuestra lectura, su influencia nació de cómo sonaban, se movían y se presentaban. Es una visión generosa, y a nuestro juicio acertada, de la música política: a veces lo radical es simplemente quién puede ocupar un lugar en el escenario.
La comodidad es el verdadero enemigo
Aquí vamos más allá de lo que dijo Springsteen. Una canción protesta que no ofende a nadie en la sala no es protesta, es decoración. La música política importa cuando cuesta algo: una actuación, un público, una relación cordial con el poder. El largo enfrentamiento público de Springsteen con Trump, que según Far Out se inició en 2016 cuando se opuso a que Trump usara «Born in the USA», es al menos un caso de artista que acepta esa fricción.
Sin embargo, el riesgo va en todas direcciones, y aquí el debate se vuelve incómodo para todos. Pensemos en la queja del Consejo Judío de Nueva Zelanda, publicada en Scoop, según la cual el Twisted Frequency Festival retiró la invitación al músico israelí Dekel, al parecer por su nacionalidad, sus actuaciones previas en Israel y la ausencia de un pronunciamiento público sobre Gaza. Aquí solo oímos una parte y no hemos visto los argumentos del festival. Pero el principio en juego merece una reflexión: el consejo sostiene que la libertad de expresión incluye la libertad de no hacer declaraciones políticas en absoluto.
Nos parece un contrapeso útil a cómo plantea Springsteen las cosas. Playback lo describe recordando los conciertos contra la guerra de su juventud y definiendo el rock como una expresión de libertad. Si la música va de libertad, las declaraciones forzadas son una forma extraña de honrarla. La música política tiene fuerza porque los artistas eligen hablar, y una prueba de lealtad impuesta desde fuera convierte esa elección en una obligación.
Nuestro veredicto
Springsteen tiene razón, y sus dos ideas encajan. El esnobismo de género es una forma de elitismo que merece morir, y el compromiso político solo vale algo cuando se elige y cuando tiene un precio. Quien quiera volver a escuchar música «incómoda» debería empezar por escuchar fuera de su género habitual y por resistir la tentación de exigir a todos los artistas que exhiban su política a demanda.
Si quieres una conclusión práctica, es esta: juzga la música política por lo que arriesga, no por el instrumento que usa. Con ese criterio, un grupo de guitarras y un rapero pueden estar librando exactamente la misma batalla. Springsteen solo la ha señalado.
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