El tema de 45 minutos de Storm Corrosion es la terquedad bien entendida
Steven Wilson y Mikael Åkerfeldt preparan, según se dice, una pieza de 45 minutos en plena era del single, y solo importará si es tan intransigente como en 2012.
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¿Qué clase de grupo anuncia que su próximo disco incluirá una única pieza musical de 45 minutos? Uno al que no le importan las playlists o que ha decidido, en silencio, odiarlas. Storm Corrosion, el proyecto paralelo de Steven Wilson y Mikael Åkerfeldt, parece ser de los segundos, y nos alegramos, aunque con reservas.
Una única pieza de 45 minutos es casi todo lo que sabemos
Según la información de Blabbermouth sobre la entrevista en Prog, Wilson afirma que el sucesor del debut homónimo del dúo, de 2012, incluirá una única pieza musical de 45 minutos. Ondarock añade que Wilson pasó una semana en Estocolmo con Åkerfeldt, en el estudio de Benny Andersson, sentando las bases de un nuevo disco y creando allí la estructura de la pieza. Otros medios la describen como casi totalmente acústica, oscura, atonal y bella, con una temática náutica sobre un náufrago.
Ninguna de las informaciones que hemos visto menciona título, fecha de lanzamiento ni sello. Esto sale de una entrevista, no de un anuncio oficial, así que conviene tratar el calendario como una incógnita. Y ojo: las informaciones dicen que el disco incluirá la pieza, no que la pieza sea el disco entero.
Un tema de 45 minutos es una protesta, no un truco
El ciclo de lanzamientos actual premia justo lo contrario: intros cortas, estribillos tempranos, canciones hechas para sobrevivir a un salto de pista. Una única pieza de 45 minutos es, estructuralmente, una negativa a esa lógica. No se puede extraer un fragmento ni vender como un aperitivo. A nuestro juicio, precisamente por eso resulta interesante. Pide al oyente toda su velada, y la industria musical lleva una década enseñándonos a no dar eso.
También nos resistiríamos a hablar de «regreso». El proyecto simplemente ha estado dormido desde el debut de 2012, y la pregunta más interesante es por qué esta forma tiene sentido ahora. En nuestra opinión, lo que ha cambiado es el contexto. Un formato largo que hace diez años parecía una indulgencia del rock progresivo hoy se lee como una declaración sobre la atención misma.
El riesgo es la amabilidad
Esta es nuestra preocupación, y es una opinión, no una filtración. A nuestro juicio, el atractivo del debut de 2012 era que no intentaba complacer a nadie. Si la nueva pieza llega pulida hasta volverse reconfortante, con bonitos pasajes acústicos y un arco ordenado, la duración será lo único radical que le quede. La duración es barata. Hay muchos discos malos que son largos.
Las descripciones que hemos visto, atonal y oscura, son alentadoras, y una paleta casi totalmente acústica apunta a la contención más que al espectáculo. Pero las palabras en una entrevista no cuestan nada. La verdadera prueba es si la pieza tiene el valor de seguir siendo incómoda durante 45 minutos, de dejar la tensión sin resolver y de resistir la tentación de regalar al oyente un gran final catártico.
También esperamos que el lanzamiento respete su propia premisa. Si acaba troceado en «capítulos» por comodidad del streaming, la protesta termina antes de empezar. Que se publique como una sola pieza, que resulte incómoda y que quien la quiera la encuentre.
Ilusión sí, pero con el hype a raya
Que un dúo con este historial construya un disco en torno a una composición larga, casi totalmente acústica y, según se dice, inquietante es el instinto correcto, y la industria sale ganando con artistas que aún se atreven a algo así. Que sea un gran disco depende de una sola cosa: si es tan intransigente como el de 2012, será una escucha imprescindible. Si solo es largo, será una nota al pie agradable. Hasta que haya fecha y una primera escucha, mantén las expectativas altas y el hype modesto.
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