Macklemore demostró que la convicción llena un recinto. Ahora le toca a las canciones
Apartado de la gira de Ed Sheeran, Macklemore convirtió el veto en tres ciudades que acabaron con lleno en Londres. La convicción trajo al público; la música tiene que retenerlo.
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¿Qué pasa cuando a un artista le piden que abandone una gran gira por sus opiniones y responde reservando sus propias salas? En el caso de Macklemore, al parecer, acaba cerrando una gira ante un público de Londres con todas las entradas vendidas. Es un resultado mejor que el de la mayoría de los artistas que se marchan en silencio, y merece una mirada más cuidadosa que el habitual griterío entre "postura valiente" y "márketing cínico".
Un final con entradas agotadas construido sobre una historia, no solo sobre un repertorio
Macklemore puso fin a su Free Palestine Tour el viernes 30 de octubre en el OVO Arena Wembley. Había sido apartado de la gira de Ed Sheeran tras sus declaraciones en apoyo de Palestina, y la serie que siguió abarcó solo tres ciudades: Dublín, París y Londres. Middle East Monitor, citando a Anadolu, informa de que se comprometió a donar la recaudación a organizaciones que apoyan al pueblo palestino. UK Pulse cifra esas organizaciones en 12. La cadena italiana La7 contó más de 12.500 espectadores en el recinto londinense.
El cartel parecía tanto un mitin como un concierto. Rolling Stone Italia cita a Greta Thunberg, Paloma Faith, Nemahsis y Arab Barghouthi entre quienes se sumaron.
El destierro fue el mejor márketing que nunca pagó
Seamos claros con la mecánica. Que te echen de una gran gira es algo penoso para cualquier artista. Pero también es una historia de origen. Macklemore no tuvo que explicar por qué existía esta gira, porque el titular ya lo había hecho por él. Un puesto en la gira de otro pasó a ser un cabeza de cartel en la suya propia, con un público que llegaba sabiendo ya lo que había ido a decir.
Creemos que esa es la parte que merece admiración y también cierto escepticismo. Admiración, porque convirtió un castigo en algo con propósito y con un destino para el dinero. Escepticismo, porque un público que acude por la causa no es necesariamente un público que acude por el artista. Un recinto lleno en una serie corta de tres fechas es una señal potente. Todavía no es una base de fans.
La convicción es una entrada, no una carrera
Aquí se acaba la documentación, y no vamos a fingir lo contrario. La cobertura que tenemos se centra en invitados, banderas y consignas. Nos dice poco sobre cómo funcionó el concierto en sí, y no vamos a inventarlo. Lo que sí podemos decir es que los titulares sobre este final hablan sobre todo de lo que rodea a la música.
Ese es el riesgo. Cuando un espectáculo se construye con discursos, invitados y un ánimo colectivo, las canciones pasan a ser la banda sonora del acto en lugar de su razón de ser. Funciona una noche, y funciona especialmente bien cuando la causa es urgente y el cartel viene cargado. No funciona como modelo a largo plazo. El público perdona mucho a un artista en el que cree, pero vuelve por los discos y los conciertos que de verdad quiere escuchar.
Hay además una forma más limpia de verlo. Middle East Eye tituló el final con la frase "Esos niños de Gaza son nuestros niños". Es una frase poderosa, y su sitio está en un discurso. El trabajo del artista es otro: lograr que las dos horas que la rodean merezcan la entrada por sí mismas.
Apartar a un artista puede volverse en contra de quienes programan las giras
La lectura perezosa es que la política vende. No es así, al menos no de forma automática. Lo que vendió aquí fue una historia concreta: un artista con nombre y apellidos, un acto concreto de apartamiento, una serie corta con un destino declarado para el dinero y un cartel que hizo de la noche un acontecimiento. Si quitas cualquiera de esos elementos, la venta es mucho más difícil.
La lección más interesante es para quienes programan las grandes giras. Apartar a un artista crea un público muy motivado en otro sitio. No lo llamaríamos una estrategia, pero sí es una consecuencia, y se recordará la próxima vez que alguien tenga que decidir si unas declaraciones justifican cancelar un puesto.
Nuestro veredicto: Macklemore se ganó esta noche, y el final con entradas agotadas es un resultado real, no un golpe de efecto. Pero el siguiente paso importa más que el anterior. Si quiere que la convicción se convierta en un público duradero, lo que venga después tiene que ser un disco o una gira en los que las canciones carguen con el peso y la consigna sea el teloneo. Hasta entonces, fue una noche poderosa. Si se convierte en un capítulo de su carrera, solo lo puede decidir la música.
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