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Redacción Musisfera
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Juan Atkins ayudó a crear el techno y la industria le debe más que homenajes

La muerte de Atkins, a los 64 años, cierra el capítulo fundacional del techno de Detroit. Festivales y sellos que se lucran con el género deberían pagar a sus creadores con algo más que obituarios.

Publicado
1 de noviembre de 2026
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¿Cuántos cabezas de cartel de los festivales de techno de este año se sostienen sobre un sonido que ayudó a poner en marcha un adolescente de Detroit con un Korg MS-10? Es la incómoda pregunta que hay detrás de la oleada de obituarios de Juan Atkins, y dudamos de que los homenajes por sí solos la respondan.

Atkins murió el 31 de octubre a los 64 años. Esa noche tenía previsto actuar en el Yu Yu Club de Ciudad de México, y la agencia de representación Green Smith Artists confirmó su muerte, según informa Pitchfork. DJ Mag asegura que, al parecer, sufrió un infarto. Cofundó Cybotron, fue uno de los Belleville Three junto a Derrick May y Kevin Saunderson, y también trabajó bajo el nombre de Model 500.

Trabajó hasta el final, y eso dice mucho

Pitchfork señala que en sus dos últimos años Atkins actuó en todas partes, de Nueva York a Berlín, en los escenarios principales de Movement, Dekmantel y Houghton. Es un detalle triunfal, pero también revelador. Un hombre que insistió en llamar techno a su música, y que le dio una gramática futurista, seguía de gira y en las hojas de contratación cuando murió.

No afirmamos que Atkins fuera pobre ni que se le desatendiera; no tenemos datos sobre sus finanzas y no vamos a especular. La cuestión es estructural. Creemos que la economía de la música de baile paga mucho mejor a quien está esta noche sobre el escenario que a quien escribió el plano décadas atrás. A los fundadores se les celebra como «legado», una palabra que en la práctica suele significar una buena franja horaria y un pase de diapositivas.

La brecha del reconocimiento va de nombres, no solo de dinero

Atkins defendía la palabra. En 2005 le dijo a Pitchfork que «siempre llamó techno a la música que estaba haciendo», incluso cuando los DJ de Chicago la etiquetaban como Detroit house. Su argumento era que los discos de Chicago se hacían eco del disco de Philly International, mientras que en Detroit «no tenemos ningún punto de referencia real». Se compre o no cada parte de esa rivalidad, lo que estaba en juego era claro: la autoría de un género es una reivindicación económica tanto como estética.

«Clear», el sencillo de Cybotron de 1983, vendió 50.000 copias y fue sampleado por Missy Elliott y por incontables artistas más. Esas cifras parecen modestas al lado de las del streaming actual. Un género cuyo ADN recorre tanto material sampleado merece más que una nota al pie cuando los carteles de los festivales se venden con la etiqueta de «herencia».

El reconocimiento de verdad cuesta dinero, no un minuto de silencio

Aquí pasamos de los hechos a la opinión. Los homenajes no cuestan nada: una pantalla atenuada, un minuto de silencio, el anuncio de una reedición calculado para el ciclo de noticias. El reconocimiento real es menos glamuroso. Los festivales que han llenado sus recintos con sonidos de raíz detroitiana podrían financiar encargos, ciclos de conciertos y proyectos de archivo para los pioneros que siguen vivos, y contratarlos como artistas, no como invitados ceremoniales. Los sellos podrían fijar el precio de las reediciones de modo que los creadores y sus herederos participen con claridad de los beneficios, y mantener los catálogos en circulación más allá del pico del aniversario.

Queremos añadir una petición más. Technomusicworld presenta a Atkins como el fundador de Metroplex, y creemos que las instituciones a las que importa la historia del género podrían apoyar sellos independientes como ese, en lugar de limitarse a comprar el catálogo desde arriba.

Hay que tratar bien a los pioneros mientras puedan notarlo

La muerte de Atkins pone fin al capítulo fundacional, y el mejor homenaje, a nuestro juicio, sería tratar bien a los pioneros que quedan mientras puedan notarlo. Si diriges un festival o un sello, el próximo cartel, el próximo contrato y la próxima reedición son el verdadero obituario. Si eres oyente, empieza por «Clear» y luego fíjate en quién se beneficia cuando le das al play.

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